No hay revolución digital sin reforma política

Después de la exposición Virtuality BA, cuyos participantes y organizadores fueron recibidos en el último 5 de junio en la Embajada, el embajador compartió, en la "Tribuna del diario Clarín" del 28 de junio, su visión respecto a las mutaciones de nuestras economías:

A fines de 2017, Francia adoptó un nuevo código laboral, aggiornado a los cambios de la revolución tecnológica. Los giros que hay que dar en Educación y Trabajo para afianzar la generación de empleo al mundo digital.

Pierre Henri Guignard

La realidad virtual despierta grandes esperanzas. A principios de este mes, Buenos Aires recibió desde París por primera vez la feria Virtuality BA, que reunió 70 expositores innovadores del sector de las tecnologías inmersivas, incluidas 10 start ups francesas.

Esta manifestación exitosa, co-organizada por el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y apoyada por la Embajada de Francia, reveló al público la amplitud de los sectores que las tecnologías inmersivas y la inteligencia artificial están revolucionando: desde la cultura y la educación hasta la salud, la defensa y, claro está, el marketing.

Desde hace un año, el Presidente francés Emmanuel Macron y el Secretario de Estado a cargo del sector digital Mounir Mahjoubi implementaron una política llamada “lo digital al servicio del progreso humano”.
Inteligencia Artificial: las máquinas conocen nuestros hábitos y... ¿nos manejan la vida?

Julien Brun, organisador de la exposición "Virtuality en Paris y BA"

La revolución tecnológica a veces genera temores y resistencias. Por supuesto, a corto plazo, afectará nuestros modelos económicos tradicionales. Sin embargo, no es una razón suficiente para retroceder ante lo que constituye una oportunidad para nuestras sociedades. Por el contrario, debemos anticipar y acompañar las mutaciones.

Para que esa revolución beneficie a todos, genere eficiencia de producción y cree empleos, tenemos que enmarcarla y, no nos asustemos por la palabra, regularla. Para que lo digital esté al servicio del progreso humano, la revolución digital debe ser una revolución política.

En primer lugar, se trata de la implementación de políticas públicas adecuadas. La revolución industrial de nuestra época implica reconsiderar todo el sistema que subyace a nuestra economía. La creación de un ecosistema empresarial innovador abarca nuestro sistema de formación, de investigación, nuestro sistema de protección social, entre otros.

Así, a fines de 2017, Francia adoptó un nuevo código laboral, para responder a los desafíos del siglo 21. De la misma manera, nuestros ministros de Educación y de Trabajo presentaron proyectos de reformas para la enseñanza y la formación profesional.

En segundo lugar, las nuevas tecnologías plantean muchas cuestiones éticas. Como lo recordaba Emmanuel Macron en una entrevista con la revista estadounidense Wired, esas cuestiones retan nuestra visión de la democracia y nuestras preferencias colectivas.

Lo mismo en lo que respecta a la protección de los datos personales: en Francia, hemos decidido abrir los datos públicos para sacar lo mejor de la inteligencia artificial, pero nada garantiza que esos datos no sean mal utilizados. El “Reglamento general para la protección de datos” entró en vigor en la Unión Europea el pasado 25 de mayo, en respuesta a esta inquietud.

La repuesta a esos desafíos no puede ser aislada. La revolución tecnológica también está borrando las fronteras de nuestras economías. Lo vimos en Virtuality BA. La Argentina se está convirtiendo en la capital de las tecnologías digitales en América Latina, y por lo tanto se está enfrentando a los mismos desafíos que los demás actores globales.

El próximo 30 de noviembre, en la cumbre del G20, los líderes reunidos aquí reflexionarán juntos sobre “el porvenir de la educación y del trabajo en el contexto de la revolución digital”. En ese marco, los principales responsables del mundo también tendrán que ponerse de acuerdo sobre la definición de un marco económico y fiscal común para el sector digital, apoyándose en las recomendaciones de la OCDE.

La cooperación internacional será lo que nos permitirá encontrar un justo balance entre innovación y ética, y lo que nos permitirá sacar lo mejor de la revolución tecnológica haciendo de esta otra revolución política.

* Pierre Henri Guignard es Embajador de Francia en la Argentina

publicado el 29/06/2018

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